Corrandes d'exili

En ma terra del Vallès // tres turons fan una serra, // quatre pins un bosc
espès, // cinc quarteres massa terra. // "Com el Vallès no hi ha res".

Una esperança desfeta, // una recança infinita. // I una pàtria tan petita // que
la somio completa.
Pere Quart (Corrandes d’exili)




18 de març 2015

Iglesias: El mentecato ilustrado

Aquests dies circula per la xarxa un e-mail d'un amic de Veneçuela, que inclou un article del periodista veneçolà Carlos Alberto Montaner titulat “El mentecato ilustrado”, on explica amb tota claredat el perill que el partit “Podemos” de Pablo Iglesias pot representar pel nostre país. L’e-mail traduït del castellà diu: "Família en terres de la Mare Pàtria, heus aquí la breu història d'aquest gran farsant que és Pablo Iglesias, que va contribuir al desastre que han causat els comunistes a Veneçuela i que ara, oferint viles i castells, pretén fer el mateix a Espanya. Divulgueu aquest article per tota la península ibèrica, per evitar que també us veieu afectats per aquest daltabaix. Llegiu-lo, comenteu-lo i distribuïu aquest article a Catalunya, a Madrid, a Toledo, a Valladolid, a tota la península Ibèrica i a les Canàries. No caigueu en el parany !" Interessant article que desemmascara Pablo Iglesias, el personatge que va ajudar a enfonsar Veneçuela. Podeu llegir l’original en castellà en el nostre Blog.

El mentecato ilustrado

Calma. No hay agravio. La etimología de mentecato es transparente. Quiere decir “mente captada o capturada”. Me refiero a eso. Iglesias es un mentecato, pero ilustrado. Hay que tomarlo en serio. Por no tomar en serio a Chávez los venezolanos se hundieron. Iglesias es un joven español, profesor universitario en Madrid y colaborador de la televisión iraní, que triunfa en las encuestas electorales. El problema radica en qué ideas han capturado tan prodigiosa mente. Las malas ideas, cuando se enquistan en neuronas privilegiadas, son más dañinas.

Iglesias cree en el Estado empresario que crea o nacionaliza empresas. Cree en el Estado asistencialista, redistribuidor de riquezas, que extiende una pensión a todas las personas por el mero hecho de vivir en el país (650 €). Cree en el Estado planificador que todo lo sabe, que conoce el presente como la palma de la mano y es capaz de prever el futuro. Cree en el Estado que castiga implacablemente (ama la guillotina de la revolución francesa). Cree que la riqueza se logra trabajando menos —35 horas a la semana— y por un período más breve (60 años). Cree, en suma, que la prosperidad se logra gastando, no ahorrando e invirtiendo, como ha hecho la tonta especie humana durante miles de años. Maravilloso.

Pero lo interesante es que Pablo Iglesias ya ha puesto a prueba sus ideas madre, precisamente en Venezuela, donde él y su grupo fueron contratados para encauzar de diversas maneras el “proceso revolucionario”, algo que hicieron durante 8 años a plena satisfacción de la República Bolivariana, tarea por la que cobraron nada menos que tres millones setecientos mil euros: más de cinco millones de dólares.

En ese período, de acuerdo con las memorias de la fundación Centro de Estudios Políticos y Sociales (CEPS), que era la institución que firmaba los acuerdos y recibía los dineros, Pablo Iglesias y sus allegados ayudaron directamente a Chávez a fomentar su revolución desde el despacho presidencial, a Telesur a crear y divulgar su propaganda, al Banco Central de Venezuela a desarrollar su política monetaria, al Ministerio del Interior a manejar sus prisiones (como en la que yace Leopoldo López), al Ministerio de Trabajo a organizar sus pensiones, y al Ministerio de Comunicación a no sé qué función exactamente, aunque algún trabajo pudieron desplegar en el Centro Internacional Miranda, dedicado al adoctrinamiento político comunista, a juzgar por las palabras de Juan Carlos Monedero, escudero de Iglesias, en su conmovido homenaje a Hugo Chávez, en el que recuerda con tristeza la desaparición del Muro de Berlín, ese monumento al estalinismo.

Es decir, Pablo Iglesias y sus amigos, de acuerdo con los consejos que aportaban a tan amplio espectro gubernamental, en gran medida son responsables del caos venezolano, del desabastecimiento que padece el país, del desorden financiero, del aumento exponencial de la violencia, del horror de las cárceles, de los atropellos a la libertad de expresión, de la falta de inversiones extranjeras, del cierre de miles de empresas, y hasta de la pulverización del Estado de Derecho al proponer, presuntamente, la eliminación de la separación de poderes en los cursillos de formación que les daban a los parlamentarios del mundillo del socialismo del Siglo XXI.

Como me cuesta trabajo creer que Iglesias y sus amigos forman parte de una casta corrupta, me inclino a pensar que, realmente, lo que hay que imputarles no es un delito de fraude o peculado, sino un alto grado de corresponsabilidad en el hundimiento de Venezuela, precisamente por transmitirles a esos vapuleados ciudadanos las ideas y los conocimientos equivocados. En todo caso, es muy probable que Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero y el resto del grupo, entiendan (como entendía Lenin) que las revoluciones son así: dolorosas, y devastadoras, como corresponde a la necesaria etapa de demolición del pasado burgués, lo que explica la conformidad que muestran con cuanto sucede en Venezuela.

¿Qué harían Pablo Iglesias, Monedero y sus amigos si tomaran el control de España? A mi juicio, lo mismo que han contribuido a hacer en Venezuela. ¿Por qué? Porque no son unos cínicos racistas que quieren para España algo diferente a lo que aplauden en Venezuela. Quieren lo mismo. Un Estado fuerte presidido por un grupo revolucionario decidido a implantar el reino de la justicia a cualquier costo. Quieren acabar con las estructuras burguesas que acogotan al proletariado, destruir los podridos partidos políticos tradicionales, encarcelar a quienes se opongan a la voluntad del pueblo y silenciar a esos medios de comunicación que sólo representan los intereses de los propietarios. Son mentecatos —sus mentes han sido capturadas por el error—, como les sucede a todos los fanáticos, pero no son hipócritas. Y, además, son ilustrados. Esto agrava las cosas.

Carlos Alberto Montaner.
Periodista y escritor

Article publicat en el diari El Nuevo Herald de Veneçuela el 22 de novembre del 2014